(Por. Sebastián Hammelehle).- El autor Tuvia Tenenbom llegó desde Nueva York a Alemania para trabajar con la editorial Suhrkamp en su nuevo libro. Sin embargo, cuando uno se reúne con él, queda claro que otra cosa lo motiva en realidad: «Nunca en mi vida voy a permitir que alguien me llame ‘el judío Tenenbom’ o ‘el judío histérico“. Tenenbom, descendiente de una familia con muchas víctimas del Holocausto, se siente insultado y rebajado. Se hace la pregunta: «¿Qué clase de país es este, donde a alguien se lo llama ‘el judío Tenenbom’ o ‘el judío histérico’, sin que la gente se escandalice?».
¿Qué había ocurrido? El 30 de julio de 2012 el «Süddeutsche Zeitung» publicó un artículo sobre Tenenbom. En él se describían las inusuales circunstancias que habían acompañado hasta la fecha al proyecto del libro del productor de teatro y periodista Tenenbom. En abril de 2011 la editorial Rowohlt había anunciado que sería un libro de bolsillo. Pero el libro, que debería haberse titulado «Soy Alemania», nunca apareció. En su lugar, la editoral Suhrkamp, competidora de Rowohlt, pretende publicarlo en diciembre de 2012, bajo el título «Sólo en Alemania.»
Tenenbom conoció a Helmut Schmidt y Helge Schneider, al primer ministro de Sajonia, Stanislaw Tillich y a Volkhard Knigge, el director de la fundación Buchenwald. Pero también a protagonistas menos conocidos del ambiente alemán, incluso fue a la célebre sede de reuniones neo-nazis Club 88 en Neumünster.
«Judío histérico»
El intercambio de correos electrónicos y correspondencias entre Tenenbom y el editor de Rowohlt Alexander Fest, presentado por Spiegel Online, da testimonio de un creciente distanciamiento entre el autor y el editor. Por un lado, estaba la cuestión de si Tenenbom registró los testimonios de su interlocutor bajo citación de la ley alemana. Por otra parte, la evaluación de la publicación. En un informe de la editorial, cuya autoría permanece en el anonimato, se halla la frase «Tuvia (…) es obviamente un judío histérico, como el santo patrono de todos los judíos, Woody Allen.» El director de Rowohlt indicó que la formulación de la frase en el contexto del informe se entendió “como un cumplido”.
En el «Süddeutsche Zeitung», el periodista Malte Herwig escribió acerca de la disputa. Caracterizó al autor y a su libro de la siguiente forma: «El judío Tenenbom reunió casi todo lo que Alemania tiene para ofrecer: autónomos, neonazis, aficionados al fútbol, judíos, cristianos, turcos y Kai Diekmann».
Cuando se le preguntó acerca de esto, Herwig dijo a SPIEGEL ONLINE: «¿Qué hay de «despectivo» u «ofensivo» en designar al hijo de un rabino como un judío? Tenenbom se presenta en su libro de forma explícita como un judío, describe sus encuentros con los cristianos, los musulmanes y judíos en Alemania y escribe acerca de su identidad judía y las reacciones de sus interlocutores.» Andrian Kreye, editor literario del «Süddeutsche Zeitung», está de acuerdo con su colega: «el texto de Malte Herwig fue una historia nítida y bien investigada acerca de una extraordinaria disputa con una editorial, la cual se ha centrado, por supuesto, en el contexto del antisemitismo en Alemania, el mismo que Tuvia Tenenbom describe en su libro. Hay que hacer un esfuerzo considerable para relacionar este hecho con un ataque antisemita».
Tenenbom respondió: “el hecho de ser catalogado como judío, apenas me habría molestado. Es la frase: «el judío Tenenbom». La afiliación religiosa como una etiqueta. En lugar del nombre de pila.
«Hubo un silencio sepulcral»
Quién echa una mirada a la historia de Alemania desde 1933 hasta 1945, dará cuenta que se pueden encontrar paralelismos, a partir de los cuales la indignación de Tenebom cobraría sentido. En el famoso libro autobiográfico «LTI», que fue escrito en el idioma del Tercer Reich, dice Victor Klemperer, representante judío de millones de víctimas del régimen nazi: «Si se habla de mí oficialmente, se dice ‘el judío Klemperer’, y si tengo que contactarme con la Gestapo, me insultan si no enfatizo lo suficiente: «aquí el judío Klemperer».
El historiador Saul Friedlander cita en su clásica obra «Los años de persecución» a Joseph Goebbels: “cuando se trata de la muerte de Vom Rath, el secretario de la Embajada de Alemania en París en 1938, el Ministro de Propaganda del Reich nombra en el diario «El Observador Nacionalista» al asesino «el cardenillo judío». La etiqueta estigmatizante está sólo a un pequeño paso del odio. En su libro «Los verdugos voluntarios de Hitler», cita a Daniel Goldhagen, un ex jefe de la Liga de Muchachas Alemanas (rama de las Juventudes Hitlerianas): «Cuando anuncié que todas las desgracias venían del pueblo judío o del espíritu judío subversivo y que la sangre judía estaba contaminada, no estaba obligado (…) a pensar en el anciano señor Lewy o en Rosel Cohn, pero sí pensé en el fantasma «el judío».
Saul Friedlander, quien se expresa generalmente en forma muy reservada, tiene una opinión muy clara sobre las frases «el judío Tenebom» y «judío histérico». «Estas formulaciones son generalmente consideradas como antisemitas», dijo el ganador del Premio de la Paz a Spiegel Online. Tenenbom dijo: «Esto demuestra cuán profundamente arraigado se encuentra el antisemitismo en la sociedad alemana; tan profundo está, que uno ni siquiera percibe, cuándo algo es antisemita».
Hay que rechazar firmemente este tipo de frases. Sin embargo, se torna difícil que el público alemán se dé cuenta de esto e intente cambiarlo. Cuando Tenenbom, luego del artículo de «Süddeutsche Zeitung» publicado en agosto en las ediciones de Alemania, comunicó su indignación tan enérgicamente, nada ocurrió – ningún medio, ningún intelectual reaccionó públicamente. Tal cual él lo expresó: «hubo un silencio sepulcral».
Los destinatarios de su crítica no se hallan en el lugar correcto. No se trata de un inusual ataque, como al rabino de Berlín o de un boicot de una película de Claude Lanzmann. Se trata de unas inofensivas frases que uno lee rápidamente, como habitual consumidor de medios de comunicación.
El caso es un ejemplo de que incluso la esfera pública liberal no es inmune a la recaída en los patrones de lenguaje sesgados. No se trata de un único editor o un solo editor, sino del corazón de una sociedad en la que uno – tal vez a partir de un descuido, que podría dar lugar a un cambio en la conciencia nacional – se maneja con un idioma diferente del de hace unos años. Se trata acerca del peligro de una progresiva y discreta exclusión. Y por lo tanto, de tener en cuenta la importancia de denominar a alguien como «el judío Tenenbom».
Disputa sobre antisemitismo. «El judío» y el corazón de la sociedad alemana
07/Nov/2012
Iton Gadol, Sebastián Hammelehle